GOBIERNO DE DIOS
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Autora: Elizabeth Ríos Bringuez
Texto principal: Lucas 9:23
Introducción
«Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».Lucas 9:23, Reina-Valera 1960
Jesús enseña que el verdadero discipulado cristiano exige un compromiso completo y diario. Seguir a Cristo significa dejar a un lado el orgullo, los deseos egoístas y la voluntad personal, para vivir en obediencia a la voluntad de Dios.
Este llamado comprende tres aspectos fundamentales:
Negarse a sí mismo: significa renunciar al orgullo, al egoísmo y al deseo de controlar nuestra vida sin tomar en cuenta a Dios. Es permitir que la voluntad del Señor ocupe el primer lugar.
Tomar la cruz cada día: significa enfrentar con fe las dificultades, los retos y los sacrificios que implica permanecer fieles a Cristo. También representa la renuncia diaria al pecado y a todo aquello que nos aparta de Dios.
Seguir a Cristo: implica imitar la vida de Jesús, obedecer sus enseñanzas y caminar por el sendero del amor, la humildad, la misericordia y el servicio a los demás.
Significado del gobierno de Dios
El gobierno de Dios se manifiesta por medio de:
El señorío, la autoridad, el dominio, la potestad, la majestad y el poder de Dios como Rey soberano.
La obra de Dios en el ser humano, cuando el creyente somete voluntariamente su vida a la dirección y al gobierno del Espíritu Santo.
Vivir bajo el gobierno de Dios significa reconocer que Él tiene autoridad sobre nuestros pensamientos, decisiones, deseos, actitudes y acciones. El creyente deja de vivir de acuerdo con su propia voluntad y comienza a caminar conforme al propósito de Dios.
Clasificación espiritual de los seres humanos
«Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo».1 Corintios 2:14-16, Reina-Valera 1960
Este pasaje presenta dos condiciones espirituales:
1. El hombre natural
La persona natural vive guiada únicamente por su razonamiento, sus emociones y sus capacidades humanas. No acepta las cosas que proceden del Espíritu de Dios porque no puede comprenderlas espiritualmente.
Para esta persona, el mensaje de Dios puede parecer extraño o sin sentido, porque las verdades divinas solamente pueden entenderse mediante la obra del Espíritu Santo.
2. El hombre espiritual
La persona espiritual es aquella que ha recibido al Espíritu Santo y permite que Dios dirija su vida. Posee discernimiento para comprender la verdad, reconocer la voluntad de Dios y distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.
La persona espiritual no depende exclusivamente de los criterios, valores o pensamientos del mundo, porque el Señor le concede sabiduría y entendimiento espiritual.
Tener la mente de Cristo significa aprender a pensar, amar, servir, perdonar y actuar como Jesús. Es permitir que nuestros pensamientos y decisiones sean transformados de acuerdo con el carácter y la voluntad del Señor.
El proceso de santificación
«Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».1 Corintios 6:11, Reina-Valera 1960
Antes de conocer a Cristo, muchos creyentes vivían bajo el dominio del pecado. Sin embargo, por medio de Jesucristo fueron lavados, santificados y justificados.
Ser lavado significa ser limpiado del pecado. Ser santificado significa ser apartado para Dios, y ser justificado significa ser declarado justo por medio de la fe en Jesucristo.
La santificación es la obra que Dios realiza en la vida de los creyentes para separarlos del pecado y transformarlos conforme al carácter de Cristo. Este proceso ocurre mediante la Palabra de Dios, la obra del Espíritu Santo y la obediencia diaria del creyente.
La santificación puede ser instantánea y progresiva
1. Santificación instantánea
«Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».1 Corintios 6:11, Reina-Valera 1960
La santificación instantánea ocurre cuando la persona recibe a Jesucristo como Señor y Salvador. Desde ese momento, es apartada para Dios, perdonada y aceptada como parte de su pueblo.
Esto no significa que el creyente haya alcanzado inmediatamente la perfección, sino que ahora pertenece a Dios y comienza una nueva vida bajo el señorío de Jesucristo.
2. Santificación progresiva
«Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios».2 Corintios 7:1, Reina-Valera 1960
La santificación progresiva es el proceso continuo de crecimiento espiritual mediante el cual el creyente aprende a apartarse del pecado y a parecerse cada día más a Cristo.
Este pasaje llama a los creyentes a limpiarse de todo aquello que pueda contaminar el cuerpo, la mente y el espíritu. Esto incluye nuestras acciones, pensamientos, deseos, palabras, intenciones y actitudes.
Perfeccionar la santidad no significa ganar la salvación mediante nuestras obras. La salvación es un regalo de la gracia de Dios. La santidad es nuestra respuesta de amor, gratitud y obediencia por todo lo que Cristo ha hecho por nosotros.
El temor de Dios no es un miedo que obliga a la persona a esconderse del Señor. Es un profundo respeto, reverencia y reconocimiento de su santidad, autoridad y poder. Este temor santo nos conduce a apartarnos de la desobediencia y a vivir de una manera agradable delante de Dios.
Jesús gobierna la vida del creyente
En el proceso de santificación, Jesucristo debe gobernar cada área de nuestra vida. Cuando permitimos que Él dirija nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones, aprendemos a vivir verdaderamente bajo el gobierno de Dios.
Vivir bajo el gobierno de Dios implica:
Someter nuestra voluntad a la voluntad del Señor.
Obedecer su Palabra.
Renunciar diariamente al pecado.
Permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro carácter.
Servir a los demás con amor y humildad.
Perseverar en la fe, aun en medio de las pruebas.
Reconocer a Jesucristo como Señor de toda nuestra vida.
Conclusión
El gobierno de Dios comienza en el corazón de la persona que decide negarse a sí misma, tomar su cruz cada día y seguir a Jesucristo.
La santificación es parte esencial de este proceso. Dios nos aparta para Él cuando recibimos a Cristo y continúa transformándonos diariamente mediante su Espíritu Santo.
Por esta razón, el creyente debe permitir que Jesús gobierne completamente su vida. Solo cuando nos sometemos a su voluntad podemos crecer espiritualmente, vivir en santidad y reflejar el carácter de Cristo delante de los demás.
Vivir bajo el gobierno de Dios es reconocer que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestro futuro están en las manos del Señor.




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