Define Tu Visión
Un devocional sobre propósito, fe y perseverancia
Hay momentos en la vida en los que Dios nos lleva a detenernos, mirar hacia adelante y hacernos una pregunta que puede cambiar nuestro camino:
¿Hacia dónde voy?
A veces estamos tan ocupados intentando resolver el presente que dejamos de pensar en el futuro. Corremos de una responsabilidad a otra, enfrentamos problemas, trabajamos, esperamos respuestas y luchamos por salir adelante. Pero, en medio de todo eso, Dios también puede estar llamándonos a levantar nuestros ojos y recordar que nuestra vida tiene propósito.
Tener una visión no significa simplemente tener un sueño.
Una visión es reconocer aquello que Dios ha puesto en nuestro corazón, llevarlo delante de Él, darle dirección y comenzar a caminar en obediencia.
La Palabra de Dios dice:
“Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.”— Habacuc 2:2
Dios le dijo a Habacuc que escribiera la visión. No debía permanecer solamente en su mente. Debía ser escrita, declarada y recordada.
Hay cosas que Dios coloca en nuestro corazón que necesitan ser escritas porque habrá días en los que las circunstancias intentarán hacernos olvidar lo que vimos por fe.
Cuando llegue el cansancio, volverás a leerla.
Cuando aparezcan obstáculos, volverás a leerla.
Cuando otros no entiendan lo que Dios te permitió ver, volverás a leerla.
La visión te recuerda hacia dónde estás caminando.
Define hacia dónde quieres ir
Antes de preguntarte cuánto tiempo tomará, cuánto dinero necesitarás o cuántas dificultades encontrarás, detente delante de Dios y pregúntate:
¿Qué quiero construir?
¿Qué quiero transformar?
¿A quién quiero ayudar?
¿Qué propósito quiero cumplir?
¿Qué quiero dejar como legado?
Una visión clara cambia nuestras decisiones.
Cuando sabes hacia dónde vas, también comienzas a reconocer qué cosas debes dejar atrás.
No todo lo que aparece en nuestro camino viene para quedarse.
Hay relaciones que cumplen una temporada.
Hay oportunidades que parecen buenas, pero no corresponden a nuestro propósito.
Hay puertas que Dios abre y otras que Dios cierra.
Por eso necesitamos sabiduría para distinguir entre lo que queremos y lo que Dios quiere para nosotros.
Proverbios 16:3 dice:
“Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.”
La visión debe ser entregada a Dios.
No se trata solamente de decir: “Señor, bendice mis planes.”
También debemos estar dispuestos a decir:
“Señor, si este camino no viene de Ti, dame la sabiduría para cambiar de dirección.”
Porque una visión verdaderamente sometida a Dios no busca solamente alcanzar un objetivo; busca cumplir un propósito.
No tengas miedo de pensar en grande
Muchas veces nuestra visión se hace pequeña porque estamos mirando nuestras circunstancias.
Miramos nuestros recursos y pensamos:
“No tengo suficiente.”
Miramos nuestra preparación y pensamos:
“Todavía no estoy listo.”
Miramos los obstáculos y pensamos:
“Es demasiado difícil.”
Miramos el tiempo que ha pasado y pensamos:
“Quizás ya es demasiado tarde.”
Pero Dios no ve solamente lo que tú tienes hoy.
Dios también ve lo que puedes llegar a construir bajo Su dirección.
La Biblia declara:
“Porque nada hay imposible para Dios.”— Lucas 1:37
Esto no significa que todo será fácil.
Significa que nuestras circunstancias no tienen la autoridad para definir hasta dónde puede llevarnos Dios.
Hay sueños que requieren años.
Hay respuestas que requieren paciencia.
Hay procesos que necesitan preparación.
Y hay puertas que solamente se abren después de atravesar temporadas difíciles.
Por eso, no confundas demora con fracaso.
Que todavía no haya sucedido no significa que Dios haya terminado.
La visión necesita disciplina
Una visión sin acción permanece siendo solamente una idea.
Por eso, cada día debemos preguntarnos:
¿Qué puedo hacer hoy para acercarme a aquello que quiero construir mañana?
Tal vez necesitas estudiar.
Tal vez necesitas aprender.
Tal vez necesitas comenzar nuevamente.
Tal vez necesitas organizar tu vida.
Tal vez necesitas terminar algo que comenzaste.
Tal vez necesitas simplemente permanecer firme.
Gálatas 6:9 nos recuerda:
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Dios trabaja también a través de procesos.
Una semilla no se convierte en árbol en un día.
Primero es plantada.
Después desarrolla raíces.
Luego comienza a crecer.
Y finalmente produce fruto.
Así también puede suceder con la visión que Dios puso en tu corazón.
Quizás ahora mismo solamente estás viendo las raíces.
No significa que no esté creciendo.
Define tu propósito
No construyas solamente para demostrar que puedes hacerlo.
Construye algo que tenga significado.
Pregúntale a Dios:
¿Qué problema puedo ayudar a resolver?
¿Qué valor puedo aportar?
¿A quién puedo servir?
¿Qué puedo hacer con los dones y conocimientos que me has dado?
Y también pregúntate:
¿En quién me estoy convirtiendo mientras intento alcanzar mi objetivo?
Porque podemos alcanzar metas y, al mismo tiempo, perder aquello que realmente importa.
Jesús dijo:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”— Mateo 16:26
La verdadera visión no solamente responde:
“¿Qué quiero tener?”
También responde:
“¿Quién quiero llegar a ser delante de Dios?”
Cuando no puedas ver el camino completo
Habrá temporadas en las que solamente podrás ver el siguiente paso.
Y eso está bien.
Dios no siempre nos muestra todo el camino de una sola vez.
A veces nos muestra solamente suficiente luz para caminar hoy.
La fe no significa conocer cada detalle del futuro.
La fe significa confiar en Dios aunque todavía no podamos verlo todo.
Proverbios 3:5-6 dice:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Quizás hoy no tienes todas las respuestas.
Quizás no sabes cómo se resolverá todo.
Quizás no puedes ver cómo llegarás al lugar que has imaginado.
Pero puedes dar el siguiente paso.
Un paso de fe.
Después otro.
Y otro.
Hasta que puedas mirar atrás y darte cuenta de que Dios estaba guiando tus pasos incluso cuando tú no podías ver el camino completo.
Escribe tu visión
Hoy toma un momento para estar delante de Dios.
Busca un lugar tranquilo.
Ora.
Y escribe:
Mi visión es:¿Qué quiero construir?
Mi propósito es:¿Por qué quiero construirlo?
Mi misión es:¿Qué voy a hacer para avanzar?
Mis valores son:¿Qué principios no estoy dispuesto a abandonar?
Mi próximo paso es:¿Qué puedo comenzar a hacer hoy?
Después, entrega todo eso a Dios.
Santiago 1:5 dice:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.”
No solamente le pidas a Dios que bendiga tus planes.
Pídele también que corrija tus planes cuando sea necesario.
Pídele discernimiento.
Pídele sabiduría.
Pídele paciencia.
Pídele fortaleza.
Y sobre todo, pídele un corazón dispuesto a obedecer.
No desprecies los pequeños comienzos
Quizás tu visión todavía parece pequeña.
Quizás solamente tienes una idea.
Quizás tienes un proyecto incompleto.
Quizás tienes conocimiento, pero todavía no tienes los recursos.
Quizás llevas años guardando un sueño en tu corazón.
No desprecies lo pequeño.
La Escritura dice:
“Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán.”— Zacarías 4:10
Todo comienzo parece pequeño cuando lo comparamos con el resultado final.
Un ministerio comienza con una persona.
Un negocio comienza con una idea.
Una casa comienza con un plano.
Un árbol comienza con una semilla.
Y muchas grandes historias comienzan con una simple decisión:
“Voy a comenzar.”
No necesitas tenerlo todo para comenzar.
Comienza con lo que tienes.
Haz lo que puedas.
Aprende lo que necesites aprender.
Corrige tus errores.
Crece.
Y permite que Dios se encargue de lo que tú no puedes controlar.
Tu visión necesitará perseverancia
Habrá personas que no entenderán lo que Dios puso en tu corazón.
Algunas te dirán que es imposible.
Otras solamente verán tus limitaciones.
Algunas incluso podrán cuestionar por qué continúas.
Pero no todas las personas pueden ver lo que Dios te permitió ver.
Por eso necesitas discernimiento.
No rechaces una crítica que pueda ayudarte a mejorar, pero tampoco permitas que cada opinión se convierta en una voz que gobierne tu propósito.
Hebreos 12:1 dice:
“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”
No estás llamado a correr la carrera de otra persona.
Tu historia es diferente.
Tu proceso es diferente.
Tu tiempo es diferente.
Tu llamado puede ser diferente.
No compares tu comienzo con el capítulo diez de otra persona.
Sigue caminando.
Una oración por tu visión
Señor,
Hoy pongo delante de Ti la visión que has colocado en mi corazón.
Tú conoces mis sueños, mis preocupaciones, mis limitaciones y también aquello que todavía no puedo ver.
Dame sabiduría para reconocer Tu voluntad.
Dame disciplina para trabajar.
Dame paciencia para esperar.
Dame humildad para corregir mis errores.
Dame discernimiento para reconocer las puertas que vienen de Ti y valentía para cerrar aquellas que no forman parte de Tu propósito.
Cuando tenga miedo, recuérdame que Tú estás conmigo.
Cuando esté cansado, dame nuevas fuerzas.
Cuando no pueda ver el camino, enséñame a confiar.
Y cuando llegue el momento de cosechar, ayúdame a recordar que todo comenzó porque decidí obedecerte y dar un paso de fe.
Amén.
Declara tu visión
Hoy puedo no tener todo lo que necesito.
Pero puedo comenzar.
Hoy puedo no conocer todo el camino.
Pero puedo dar el siguiente paso.
Hoy puedo enfrentar obstáculos.
Pero no permitiré que los obstáculos definan mi visión.
Voy a aprender.
Voy a trabajar.
Voy a crecer.
Voy a corregir mis errores.
Voy a perseverar.
Voy a confiar en Dios.
Y voy a mantener mis ojos puestos en aquello que Él ha puesto delante de mí.
Porque una visión escrita se convierte en dirección.
Una dirección acompañada de disciplina se convierte en acción.
Y una acción sostenida con perseverancia puede convertirse en fruto.
Define tu visión.
Escríbela.
Ora por ella.
Trabaja por ella.
Entrégasela a Dios.
Y cuando llegue el momento de mirar hacia atrás, quizás descubrirás que aquello que un día parecía solamente un sueño comenzó a hacerse realidad con una decisión sencilla:
dar el primer paso por fe.
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”— Salmos 37:5





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