Estudio bíblicoTema: El gobierno de Dios en el área paternal
Autora: Elizabeth Ríos Bringuez

Textos bíblicos principales
Efesios 6:4 y Colosenses 3:21.
Introducción
El gobierno de Dios en el área paternal está claramente definido en la Biblia, especialmente en lo relacionado con el trato de los padres hacia sus hijos.
«Ustedes, los padres, no exasperen a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina y la instrucción del Señor» (Efesios 6:4, RVC).
«Ustedes los padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desalienten» (Colosenses 3:21, RVC).
¿Qué significa la palabra “exasperar” en la Biblia?
En este contexto, exasperar significa irritar, provocar o llevar a una persona a experimentar enojo intenso y constante. Dentro de la relación entre padres e hijos, se refiere a las actitudes que pueden causar frustración, resentimiento, desánimo o desesperación.
Es importante comprender este principio porque, actualmente, muchas familias sufren las consecuencias de relaciones marcadas por conflictos, contiendas y expresiones continuas de ira.
Consecuencias de exasperar a los hijos
Las situaciones constantes de conflicto pueden producir en los hijos las siguientes consecuencias:
Desánimo.
Frustración y sentimientos de incapacidad para complacer a sus padres.
Enojo, rencor, raíces de amargura y tristeza.
Inseguridad y baja autoestima.
Pérdida de la esperanza.
Sensación de fracaso o inutilidad.
Sentimientos de opresión emocional.
Dificultad para confiar en sus padres y en otras personas.
Heridas causadas por una disciplina injusta, críticas excesivas o falta de afecto.
En la relación entre padres e hijos es fundamental mantener una comunicación abierta, respetuosa y amorosa. Los padres deben orientar sin presionar excesivamente a sus hijos ni llevarlos a la desesperación. De lo contrario, pueden desarrollarse raíces de amargura, resentimiento, odio y distanciamiento familiar.
«Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19, RVR1960).
Formas en las que los padres pueden exasperar a sus hijos
1. La intimidación
La intimidación incluye palabras o actitudes que desalientan profundamente a los hijos. Algunas veces, los padres les hacen sentir que no son suficientemente inteligentes o capaces.
«Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina» (Proverbios 12:18, RVR1960).
«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación» (Efesios 4:29, RVR1960).
Antes de conocer a Cristo, viví una experiencia personal relacionada con este tema. Recuerdo que tuve que reflexionar en diferentes ocasiones porque mi hijo me preguntaba por qué lo estaba intimidando. Gracias al Señor, comprendí la importancia de dialogar y comunicarme con él sin intimidarlo. Esto se convirtió en una bendición de Dios para ambos.
2. El favoritismo
El favoritismo ocurre cuando los padres prefieren o favorecen a uno de sus hijos por encima de los demás. Esta conducta puede provocar celos, rivalidad, rechazo y desánimo.
En las Escrituras encontramos ejemplos de las consecuencias negativas que puede producir el favoritismo familiar. Isaac prefería a Esaú, mientras que Rebeca prefería a Jacob:
«Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob» (Génesis 25:28, RVR1960).
«Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas» (Santiago 2:1, RVR1960).
Los padres deben tratar a todos sus hijos con justicia, amor y consideración, reconociendo que cada uno posee cualidades y necesidades diferentes.
3. La falta de orientación
Los hijos necesitan conocer y comprender determinadas situaciones para aprender a protegerse, tomar buenas decisiones y evitar que otras personas los engañen, confundan o desalienten.
Esta enseñanza debe ofrecerse de acuerdo con su edad y nivel de madurez, evitando adelantar o destruir etapas importantes de su desarrollo.
«Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre» (Proverbios 1:8, RVR1960).
4. La disciplina sin instrucción
La disciplina requiere enseñanza, orientación y explicación:
«Ustedes, los padres, no exasperen a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina y la instrucción del Señor» (Efesios 6:4, RVC).
Es necesario explicarles a los hijos qué está bien, qué está mal y cuáles pueden ser las consecuencias de sus decisiones. La disciplina no debe limitarse al castigo; también debe incluir instrucción, corrección, acompañamiento y amor.
«Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6, RVR1960).
La disciplina bíblica no consiste en maltratar, humillar ni descargar la ira sobre los hijos. Su propósito es corregirlos, enseñarles y conducirlos por el camino correcto.
5. La falta de constancia
Los padres deben ser constantes en la educación de sus hijos. No es correcto exigir disciplina durante algunos días y permitir las mismas conductas durante otros.
La falta de constancia confunde a los hijos. Cuando las reglas cambian continuamente, pueden aparecer la frustración, la ira, los castigos injustos y la pérdida de confianza. Las normas del hogar deben ser claras, razonables y aplicadas con equilibrio.
6. La disciplina impuesta con ira
La disciplina debe ser razonable y proporcional a la situación. No debe aplicarse impulsivamente, mediante amenazas ni bajo los efectos de la ira.
«Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios» (Santiago 1:20, RVR1960).
«La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor» (Proverbios 15:1, RVR1960).
«Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad» (Proverbios 16:32, RVR1960).
El propósito de la disciplina bíblica es corregir, enseñar y restaurar; no lastimar ni descargar sobre los hijos las frustraciones de los adultos.
7. La humillación
La humillación nunca debe utilizarse como método educativo. Avergonzar a los hijos públicamente, delante de sus hermanos o de otras personas, puede destruir su autoestima y dejar profundas heridas emocionales.
«La muerte y la vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21, RVR1960).
En situaciones graves, la humillación constante puede contribuir a la depresión, el aislamiento, las conductas autodestructivas e incluso los pensamientos suicidas. Por esta razón, los padres deben corregir con prudencia, respeto y amor.
8. Las burlas y la falta de misericordia
Algunos padres se burlan de sus hijos o permiten que otras personas lo hagan. Los cristianos debemos recordar siempre el carácter bondadoso y misericordioso de Jesucristo:
«En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4:32, RVC).
Los padres también deben aprender a pedir perdón cuando se equivocan. Cristo nos perdona y su ejemplo debe ser el fundamento del perdón dentro de la familia.
«Sean mutuamente tolerantes. Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó» (Colosenses 3:13, RVC).
La responsabilidad de proteger a los hijos
«Por la fe, cuando Moisés nació, sus padres lo escondieron durante tres meses, pues al ver que era un niño muy hermoso no tuvieron miedo del decreto del rey» (Hebreos 11:23, RVC).
Dios cuidó de Moisés y utilizó a sus padres para protegerlo durante un tiempo de gran peligro. De la misma manera, los padres cristianos tienen la responsabilidad de cuidar, alimentar, orientar y proteger a sus hijos.
«He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre» (Salmos 127:3, RVR1960).
«Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe» (1 Timoteo 5:8, RVR1960).
Pablo enseña claramente en Efesios 6:4 y Colosenses 3:21 que los padres no deben provocar a sus hijos hasta llevarlos al enojo y al desánimo.
La manipulación emocional
En una conferencia relacionada con este tema, los expositores explicaron que, cuando los padres guían a sus hijos con ternura, creatividad y principios bíblicos, los motivan a hacer lo correcto.
Sin embargo, cuando los padres colocan sus propias necesidades, deseos y logros por encima del bienestar de sus hijos, pueden producir en ellos sentimientos de culpa. Algunas expresiones que reflejan manipulación emocional son:
«¿No te importa lo que siento?».
«Si yo no estuviera aquí para ayudarte, tu vida sería un desastre».
«Trabajo muy duro por ti, ¿y así es como me lo pagas?».
«Cuando yo tenía tu edad, ya había logrado mucho más».
«Hazlo porque yo lo digo; si no, mira lo que te puede pasar».
La autoridad de los padres no debe ejercerse mediante el miedo, la culpabilidad o la manipulación, sino por medio del amor, el ejemplo, la instrucción y límites saludables.
¿Qué significa la paternidad para Dios?
1. Establecer orden en el hogar
La Biblia presenta un orden de responsabilidad dentro del hogar. Este orden no autoriza el abuso, la humillación ni el dominio injusto. Por el contrario, exige que la autoridad se ejerza con amor, sacrificio, respeto y responsabilidad.
«Pues Dios primero creó a Adán y luego hizo a Eva» (1 Timoteo 2:13, NTV).
«Pues el primer hombre no provino de ninguna mujer, sino que la primera mujer provino de un hombre. Y el hombre no fue hecho para la mujer, sino que la mujer fue hecha para el hombre» (1 Corintios 11:8-9, NTV).
Este fue el orden presentado en la creación. No obstante, las Escrituras también enseñan que tanto el hombre como la mujer dependen el uno del otro y que todo procede de Dios (1 Corintios 11:11-12).
2. Alimentar, cuidar y proteger a la familia
La paternidad también implica nutrir, sostener y proteger a los hijos. Los padres deben procurar cubrir sus necesidades físicas, emocionales, educativas y espirituales.
No se trata solamente de proveer alimentos o bienes materiales, sino también de ofrecer afecto, seguridad, orientación, tiempo y un buen ejemplo cristiano.
3. Instruir en los caminos del Señor
Los padres tienen la responsabilidad de enseñarles a sus hijos la Palabra de Dios y guiarlos mediante su propio testimonio.
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos» (Deuteronomio 6:6-7, RVR1960).
«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6, RVR1960).
La enseñanza bíblica debe estar acompañada por una vida coherente. Los hijos necesitan observar en sus padres aquello que se les enseña con palabras.
«El justo camina en su integridad; sus hijos son dichosos después de él» (Proverbios 20:7, RVR1960).
Conclusión
El gobierno de Dios en el área paternal se manifiesta cuando los padres ejercen su responsabilidad con amor, sabiduría, justicia, paciencia y misericordia.
La paternidad de Dios constituye uno de los fundamentos de la fe cristiana, pues nos proporciona identidad, seguridad y un amor profundo. Ese amor nos capacita para llegar a ser y realizar aquello para lo cual Él nos creó, siempre para su gloria por medio de Jesucristo.
Cuando Dios gobierna la vida de los padres, estos no educan mediante la ira, la humillación, el favoritismo o la manipulación. Por el contrario, corrigen con amor, escuchan con atención, reconocen sus errores, perdonan y buscan la restauración de sus hijos.
Los padres no son llamados a ser perfectos, sino a depender de Dios y permitir que Él transforme su carácter. De esta manera, el hogar puede convertirse en un lugar de protección, enseñanza, reconciliación, crecimiento espiritual y amor.
«Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen» (Salmos 103:13, RVR1960).
«Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos» (Isaías 54:13, RVR1960).
Que el Señor gobierne el corazón de cada padre y de cada madre, para que puedan criar a sus hijos conforme a su Palabra, reflejando la bondad, la paciencia y la misericordia de Jesucristo. Amén.

Referencias
Sociedades Bíblicas Unidas. (1960). Santa Biblia: Reina-Valera 1960.




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