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Tema: El gobierno de Dios en el área financiera

6 ago
4 min de lectura



Autora: Elizabeth Ríos Bringuez


Estudio bíblico


Base bíblica: 2 Corintios 9:6-11




Introducción


El área financiera comprende la administración de las posesiones materiales y de los recursos económicos. Dios nos llama a administrar nuestras finanzas con sabiduría, no solamente para nuestro beneficio personal, sino también para contribuir a la obra de su Reino y ayudar a las personas necesitadas.


Desarrollo


La Palabra de Dios enseña:


«Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:6).


«Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:7).


«Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:8).


«Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:9).


«Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:10).


«Para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios» (Reina-Valera, 1960, 2 Corintios 9:11).


Estos pasajes enseñan que quien siembra escasamente también cosechará escasamente, mientras que quien siembra generosamente cosechará con abundancia. El creyente debe dar voluntariamente, sin tristeza ni obligación, porque Dios ama a quien da con alegría.


Esto no significa que la generosidad sea una fórmula para obtener riquezas materiales. La enseñanza de Pablo se concentra en dar con un corazón sincero y confiar en que Dios puede proveernos lo necesario para continuar haciendo buenas obras. La generosidad hacia los necesitados produce gratitud y glorifica al Señor.


Las promesas de Dios alcanzan a quienes depositan su fe en Jesucristo. Él es la esperanza del pobre y su justicia permanece para siempre. Dios es el proveedor de nuestros recursos físicos y espirituales, y anima a los cristianos a compartir con quienes se encuentran en necesidad.


Por su bondad, gracia y misericordia, Dios puede multiplicar los recursos que coloca en nuestras manos. Sin embargo, debemos administrarlos responsablemente y utilizarlos conforme a su voluntad. Las bendiciones del Señor no se limitan a las posesiones materiales, pues también incluyen la paz, la fortaleza espiritual, el contentamiento y el crecimiento en santidad.


El contentamiento en la abundancia y en la escasez


El apóstol Pablo declaró:


«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Reina-Valera, 1960, Filipenses 4:11).


La verdadera satisfacción no depende de las circunstancias externas. Pablo enseña que el contentamiento es una cualidad espiritual que se desarrolla mediante la confianza en Dios. Esta virtud permite conservar la paz tanto en la abundancia como en la necesidad. El gozo del creyente no debe aumentar ni disminuir según la cantidad de bienes materiales que posea.


Pablo continuó diciendo:


«Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (Reina-Valera, 1960, Filipenses 4:12).


Este versículo nos enseña a continuar confiando y regocijándonos en Dios, tanto cuando tenemos abundancia económica como cuando atravesamos momentos de necesidad. La verdadera paz interior no depende de la riqueza ni de la pobreza, sino de la fortaleza y del equilibrio espiritual que recibimos del Señor.


Las situaciones difíciles no siempre son consecuencia de una falta de fe. En ocasiones, forman parte de procesos mediante los cuales aprendemos a confiar en Dios, actuar con justicia y desarrollar madurez espiritual. Como cristianos, necesitamos mantener un equilibrio emocional y espiritual, porque tanto la abundancia como la escasez deben enfrentarse con sabiduría, sin permitir que las posesiones materiales definan nuestra identidad o felicidad.


Conclusión


El creyente no debe depender de los bienes materiales para conservar su paz mental y espiritual. Su confianza debe permanecer en Jesucristo.


«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Reina-Valera, 1960, Filipenses 4:13).


Pablo escribió estas palabras para explicar que, por medio de Jesucristo, había encontrado la fortaleza necesaria para mantenerse firme y satisfecho, sin importar si atravesaba tiempos de escasez o de abundancia. Este versículo no significa que el creyente pueda conseguir cualquier cosa que desee, sino que Cristo le concede fuerzas para enfrentar las diferentes circunstancias de la vida.


La Palabra también declara:


«Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Reina-Valera, 1960, Filipenses 4:19).


Pablo escribió estas palabras en agradecimiento a la iglesia de Filipos por la ayuda económica que le había enviado. El pasaje nos recuerda que Dios conoce las necesidades de sus hijos y puede suplirlas conforme a sus riquezas en gloria y a su perfecta voluntad.


La promesa se concentra en las necesidades verdaderas y en los recursos requeridos para cumplir el propósito de Dios. Esto puede incluir la provisión física, la paz, la fortaleza espiritual y el consuelo.


En conclusión, el gobierno de Dios en el área financiera nos enseña a administrar nuestros recursos con sabiduría, actuar responsablemente, vivir con contentamiento y compartir generosamente con los necesitados. Nuestra confianza no debe estar puesta en las riquezas, sino en Dios, quien es nuestra fuente, nuestro sustento y nuestro proveedor.



Referencias


Reina-Valera. (1960). Santa Biblia. Sociedades Bíblicas Unidas.

 
 
 

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