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CUANDO CLAMAMOS, DIOS SIGUE OBRANDO

Sep 3
5 min read

Updated: Sep 9

Una reflexión basada en Jeremías 33:3

Hay momentos en los que la vida nos coloca frente a situaciones que no podemos comprender. Oramos, esperamos, buscamos respuestas y, aun así, parece que delante de nosotros solamente existe incertidumbre. Precisamente para esos momentos resuena con fuerza la palabra que Dios habló al profeta Jeremías:

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”(Reina-Valera 1960, 1960, Jeremías 33:3).

Jeremías recibió esta palabra mientras atravesaba una situación difícil. No estaba contemplando un escenario favorable; se encontraba limitado y rodeado por circunstancias que humanamente parecían anunciar derrota. Sin embargo, Dios se acercó a él con una promesa. Esto nos enseña que una circunstancia adversa no significa que Dios haya dejado de hablar, de dirigir o de trabajar.

Dios nos llama antes de mostrarnos

Jeremías 33:3 comienza con una acción: clamar.

Dios pudo haber revelado inmediatamente todo lo que haría, pero primero llamó a Jeremías a buscarlo. Existe aquí una enseñanza importante para nuestra vida espiritual: muchas veces queremos conocer la respuesta antes de entrar en la presencia de Dios, mientras que el Señor desea primero llevarnos a una relación más profunda con Él.

La Escritura nos enseña:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”(Reina-Valera 1960, 1960, Proverbios 3:5-6).

Nuestra seguridad no debe descansar exclusivamente en aquello que podemos analizar con nuestra mente.

Hay situaciones que requieren sabiduría. Hay decisiones que requieren discernimiento. Hay temporadas en las que necesitamos detenernos y preguntarle sinceramente:

“Señor, ¿qué quieres enseñarme en medio de esto?”

La oración cambia nuestra perspectiva

Orar no significa negar la realidad. Jeremías conocía perfectamente la gravedad de lo que sucedía alrededor de él. Sin embargo, aprendió que podía mirar la realidad desde la perspectiva de Dios.

Cuando oramos, quizás la situación no cambie inmediatamente, pero algo comienza a suceder dentro de nosotros. El temor puede comenzar a dar paso a la confianza. La confusión empieza a encontrar dirección y el corazón aprende nuevamente a descansar en Dios.

El salmista escribió:

“Clamaron los justos, y Jehová oyó, y los libró de todas sus angustias.”(Reina-Valera 1960, 1960, Salmo 34:17).

Por eso, la oración no consiste en hablar hacia el vacío. Estamos hablando con un Dios que escucha.

Tal vez todavía no conocemos su respuesta, pero podemos tener la seguridad de que nuestra oración ha llegado delante de Él.

Cosas grandes y ocultas

La segunda parte de Jeremías 33:3 contiene una extraordinaria promesa: Dios dice que mostraría cosas que Jeremías todavía desconocía.

Esto nos recuerda nuestra propia limitación.

Nosotros vemos el presente. Dios conoce el principio y el final.

Nosotros observamos una puerta cerrada. Dios conoce todos los caminos.

Nosotros contemplamos aquello que perdimos. Dios también contempla aquello que puede restaurar, transformar y utilizar para cumplir sus propósitos.

Isaías expresa esta diferencia entre nuestra perspectiva y la de Dios:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”(Reina-Valera 1960, 1960, Isaías 55:8-9).

No significa que nunca podamos comprender la voluntad de Dios, sino que debemos reconocer que Él posee una perspectiva mucho mayor que la nuestra.

Por eso existen momentos en los que la fe debe aprender a decir:

“Señor, aunque no comprendo lo que estás haciendo, confío en quién Tú eres.”

El silencio también puede formar parte del proceso

Uno de los momentos más difíciles para el creyente ocurre cuando hemos orado y aparentemente no recibimos respuesta.

Pero debemos tener cuidado de no interpretar el silencio como abandono.

La Escritura declara:

“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo.”(Reina-Valera 1960, 1960, Habacuc 2:3).

Hay respuestas que llegan inmediatamente.

Otras requieren procesos.

Y existen respuestas que comprenderemos solamente después de haber atravesado determinadas temporadas.

Mientras esperamos, Dios también puede estar trabajando en nosotros. Puede estar formando paciencia, fortaleciendo nuestra fe, cambiando nuestra manera de pensar y preparándonos para aquello que hemos pedido.

La espera no siempre significa inactividad divina.

Volvamos al lugar secreto

Jesús enseñó acerca de encontrarnos con el Padre en secreto:

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto.”(Reina-Valera 1960, 1960, Mateo 6:6).

En un mundo lleno de voces, opiniones y distracciones, necesitamos recuperar esos momentos de intimidad con Dios.

No necesitamos palabras extraordinarias.

Podemos presentarnos delante de Él tal como estamos.

“Señor, tengo miedo.”

“Señor, no entiendo.”

“Señor, estoy cansado.”

“Señor, necesito dirección.”

La verdadera oración nace de un corazón sincero. Y algunas veces, después de hablar, también necesitamos permanecer en silencio, leer su Palabra y permitir que Dios transforme nuestra manera de mirar aquello que estamos viviendo.

No tomes decisiones solamente por lo que ves hoy

Jeremías estaba viviendo un momento oscuro, pero Dios conocía una historia que todavía no había terminado.

Esta misma verdad continúa siendo importante para nosotros.

No debemos convertir un mal día en una conclusión acerca de nuestro futuro.

No debemos pensar que una puerta cerrada significa que todas las puertas permanecerán cerradas.

No debemos determinar que Dios terminó con nosotros simplemente porque estamos atravesando una temporada difícil.

Pablo escribió:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.”(Reina-Valera 1960, 1960, Romanos 8:28).

No todas las cosas que ocurren son agradables, pero Dios puede trabajar aun dentro de aquello que no comprendemos.

Dios todavía tiene algo que enseñarnos

Tal vez hoy Jeremías 33:3 llegue a nuestra vida como una invitación.

No necesariamente como la promesa de que mañana desaparecerán todos nuestros problemas, sino como algo todavía más profundo:

Dios nos está invitando a buscarlo.

A conocerlo.

A confiar.

A esperar.

A escuchar.

Y a permitir que Él nos muestre aquello que todavía no podemos ver.

El apóstol Pablo escribió:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.”(Reina-Valera 1960, 1960, 1 Corintios 2:9).

Quizás la respuesta que estamos buscando llegue mediante una puerta que Dios abrirá. Quizás venga mediante una conversación. Quizás encontremos dirección mientras leemos su Palabra.

Quizás Dios cambie nuestras circunstancias.

O quizás primero cambie nuestro corazón.

Pero una cosa permanece: Dios continúa siendo Dios cuando entendemos y también cuando no entendemos.

Una palabra para quien está esperando

Si estás atravesando una temporada en la que todavía no tienes respuestas, no abandones la oración.

Si llevas tiempo esperando, continúa buscando al Señor.

Si estás frente a una decisión importante, no corras solamente porque deseas salir rápidamente de la incertidumbre.

Busca primero la dirección de Dios.

Aquello que hoy está oculto para ti no está oculto para Él.

El mañana que todavía no conoces ya está delante de sus ojos.

Por eso Jeremías 33:3 continúa siendo una palabra profundamente actual:

Clama.

Espera.

Confía.

Permanece.

Porque Dios todavía puede mostrarte cosas que hoy no conoces.


Oración

Señor, venimos delante de Ti reconociendo que nuestra visión es limitada. Hay situaciones que no comprendemos y respuestas que todavía no conocemos. Enséñanos a buscarte antes de desesperarnos, a confiar antes de rendirnos y a esperar sin alejarnos de tu presencia. Danos sabiduría para reconocer tu dirección y un corazón sensible para escuchar tu voz. Muéstranos aquello que necesitamos conocer y ayúdanos a permanecer firmes mientras esperamos. En el nombre de Jesús. Amén.


Para reflexionar

¿Qué situación estás intentando resolver sin haberla presentado verdaderamente delante de Dios?

¿Qué preocupación necesitas entregarle?

¿Qué decisión necesitas poner en oración?

¿Qué ruido necesitas apagar para volver a escuchar su voz?

No necesitamos conocer todo el camino para poder dar el siguiente paso. Necesitamos conocer y confiar en el Dios que dirige nuestros pasos.


Referencia


Reina-Valera 1960. (1960). Santa Biblia. Sociedades Bíblicas Unidas.

Victoria en Cristo Jesús

Palabra · Fe · Esperanza · Cristo

“Lo que todavía no puedes ver, Dios ya lo conoce. Lo que todavía no comprendes, Él puede revelarlo a su tiempo. Por eso, antes de rendirte, vuelve a escuchar su llamado: Clama a mí.”





 
 
 

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