La Majestad de Jesús: El Rey Eterno

Autora: Iliana León
Hablar de Jesús es hablar de una gloria que ninguna palabra humana puede describir por completo. Él no es solamente el Maestro de Galilea, ni únicamente aquel que caminó entre multitudes sanando enfermos, levantando al caído y consolando al quebrantado. Jesús es el Hijo de Dios, el Rey eterno, el principio y el fin, aquel ante cuya presencia toda la creación reconoce su autoridad.
La majestad de Jesús no comenzó en Belén. Antes del pesebre, antes de María, antes de Abraham, antes de que existieran los cielos y la tierra, Él ya era.
La Palabra declara:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”Juan 1:1-3, Reina-Valera 1960
Jesús entró en nuestra historia, pero Él existe desde la eternidad.
El Rey que descendió en humildad
Una de las expresiones más extraordinarias de la majestad de Cristo es que, siendo Rey, escogió la humildad.
Pudo haber nacido en un palacio, rodeado de poder humano y riquezas, pero vino al mundo en sencillez. El Creador entró en su propia creación. El Rey fue acostado en un pesebre. El Todopoderoso tomó forma de siervo.
La Escritura dice:
“Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.”Filipenses 2:7, Reina-Valera 1960
Y también declara:
“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.”Filipenses 2:9, Reina-Valera 1960
La humildad de Jesús nunca disminuyó su majestad.
El mismo que permitió que colocaran una corona de espinas sobre su cabeza es el Rey que posee toda autoridad en los cielos y en la tierra.
Su voz tiene autoridad
Cuando Jesús caminó sobre la tierra, su autoridad era evidente.
Cuando habló al viento y al mar, la tempestad se calmó.
Sus discípulos preguntaron:
“¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”Mateo 8:27, Reina-Valera 1960
Cuando habló a los enfermos, recibieron sanidad.
Cuando habló a los demonios, tuvieron que salir.
Cuando habló frente a una tumba, la muerte tuvo que retroceder.
Lázaro llevaba cuatro días muerto cuando Jesús llegó frente al sepulcro. Entonces Cristo clamó:
“¡Lázaro, ven fuera!”Juan 11:43, Reina-Valera 1960
Y aquel que estaba muerto salió.
¿Qué clase de Rey puede hablarle a la muerte y ser obedecido?
Jesús.
Su voz tiene autoridad porque Él es Señor sobre la vida, sobre la muerte, sobre el tiempo, sobre la naturaleza, sobre las tinieblas y sobre toda potestad.
El Cordero también es el León
Muchas veces contemplamos a Jesús como el Cordero de Dios, y correctamente lo hacemos, porque Él entregó su vida para nuestra salvación.
Pero las Escrituras también revelan a Cristo como el León de la tribu de Judá.
Apocalipsis declara:
“He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido.”Apocalipsis 5:5, Reina-Valera 1960
Aquel que fue crucificado no permanece en una tumba.
Él resucitó.
Él venció la muerte.
Él vive.
Jesús declaró:
“Yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.”Apocalipsis 1:17-18, Reina-Valera 1960
La cruz no fue la derrota de Jesús.
La cruz fue parte del cumplimiento del plan eterno de redención.
Cristo murió, pero resucitó.
El sepulcro quedó vacío.
La muerte fue vencida.
Y Jesús vive para siempre.
Toda autoridad le pertenece
Después de resucitar, Jesús declaró:
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”Mateo 28:18, Reina-Valera 1960
No dijo alguna autoridad.
Dijo toda potestad.
Los gobiernos cambian.
Los imperios desaparecen.
Los hombres poderosos envejecen.
Las riquezas se pierden.
Las generaciones pasan.
Pero el Reino de Jesucristo permanece para siempre.
Él no necesita elecciones para ser Rey.
No necesita aprobación humana para establecer su autoridad.
No necesita ejército terrenal para sostener su trono.
Su Reino es eterno.
El Cristo glorificado
El libro de Apocalipsis nos permite contemplar por un instante la majestad del Cristo glorificado.
Juan declara:
“Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego.”Apocalipsis 1:14, Reina-Valera 1960
Y también:
“Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.”Apocalipsis 1:16, Reina-Valera 1960
El mismo Juan que había caminado junto a Jesús, que había escuchado sus enseñanzas y que había estado cerca de Él durante su ministerio terrenal, cayó como muerto cuando contempló su gloria.
Esto nos recuerda que Jesús no puede reducirse solamente a una figura histórica.
Él es santo.
Él es glorioso.
Él es eterno.
Él es poderoso.
Él es digno de reverencia.
Rey de reyes y Señor de señores
Las Escrituras anuncian que llegará el momento en que Cristo será manifestado delante de toda la creación como lo que siempre ha sido:
Rey de reyes y Señor de señores.
La Palabra declara:
“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.”Apocalipsis 19:16, Reina-Valera 1960
Ese día no habrá duda acerca de quién tiene la última palabra.
Toda nación verá su gloria.
Todo poder humano quedará pequeño delante de Él.
Toda rodilla se doblará.
Toda lengua reconocerá su señorío.
Porque Jesús no está intentando convertirse en Rey.
Jesús ya es Rey.
Su majestad también se revela en su amor
Pero existe algo aún más profundo.
Este Rey majestuoso ama al ser humano.
El Dios que gobierna las estrellas conoce nuestras lágrimas.
El Rey que sostiene el universo escucha la oración del corazón quebrantado.
El Señor ante quien los ángeles adoran permitió que sus manos fueran atravesadas por clavos para darnos salvación.
Por eso la majestad de Jesús no solamente produce asombro.
También produce gratitud.
Jesús declaró:
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”Juan 15:13, Reina-Valera 1960
Él no solamente habló del amor.
Él lo demostró en la cruz.
Cuando comprendemos quién es Jesús
Cuando verdaderamente comprendemos la majestad de Cristo, nuestra manera de vivir comienza a cambiar.
Ya no podemos tratarlo como una opción entre muchas.
Ya no podemos darle solamente los momentos que nos sobran.
Ya no podemos reconocerlo únicamente cuando estamos en dificultades.
Si Jesús es Rey, entonces merece el primer lugar.
Si Jesús es Señor, entonces nuestra vida le pertenece.
Si Jesús murió y resucitó por nosotros, entonces nuestra respuesta debe ser rendirnos completamente ante Él.
Hay momentos en los cuales el alma necesita recordar algo sencillo pero poderoso:
Jesús sigue sentado en el trono.
Aunque el mundo parezca lleno de incertidumbre, Él reina.
Aunque lleguen tormentas, Él reina.
Aunque atravesemos pruebas, Él reina.
Aunque muchas cosas cambien alrededor de nosotros, Cristo permanece.
La Palabra declara:
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”Hebreos 13:8, Reina-Valera 1960
Contempla al Rey
Levanta tus ojos por encima de las circunstancias.
Mira más allá de tus problemas.
Mira más allá del ruido del mundo.
Contempla a Jesús.
Contempla al Cordero que fue sacrificado.
Contempla al León de la tribu de Judá.
Contempla al Salvador resucitado.
Contempla al Rey eterno.
Hay una corona sobre su cabeza que ningún hombre puede quitar.
Hay autoridad en su voz que ninguna fuerza puede resistir.
Hay gloria en su presencia que ninguna oscuridad puede apagar.
Hay poder en su nombre.
Y llegará el día en que toda la creación proclamará lo que la Iglesia ya confiesa:
Jesucristo es el Señor.
A Él sea la gloria.
A Él sea la honra.
A Él sea el poder.
A Él sea la adoración.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

Referencia bíblica
Santa Biblia. (1960). Reina-Valera 1960. Sociedades Bíblicas Unidas.


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