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Tema: El Gobierno de DiosÁrea: La familiaBase bíblica: Efesios 5:21

Aug 2
4 min read

Autora: Elizabeth Ríos Bringuez


Introducción

Cuando una familia cree en Jesucristo y le abre las puertas de su hogar como Señor y Salvador, Cristo se convierte en el centro y fundamento de la vida familiar. Su presencia transforma las relaciones, fortalece los vínculos y guía a cada integrante para vivir conforme a la voluntad de Dios.

El gobierno de Dios en el área familiar establece orden, amor, paz, respeto y dirección espiritual. Su propósito principal es que todos reconozcan a Dios como la máxima autoridad y aprendan a vivir bajo principios de humildad, servicio, obediencia, perdón y respeto mutuo.

Cuando permitimos que Dios gobierne nuestro hogar, aprendemos a resolver los conflictos con sabiduría, a perdonarnos, a tomar buenas decisiones y a criar a nuestros hijos conforme a las enseñanzas de la Palabra. Asimismo, se fortalece la unión entre los cónyuges y se ayuda a los hijos, desde temprana edad, a desarrollar una relación verdadera con el Señor.

Principios que Dios establece para la familia

1. Vivir con respeto y sujeción mutua

La Palabra de Dios enseña:

«Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo».Efesios 5:21

Este versículo enseña que los cristianos debemos vivir con humildad, consideración y respeto mutuo. Dentro de la familia, ninguno debe actuar movido por el orgullo o el egoísmo. Cada integrante debe aprender a considerar las necesidades de los demás y servirles por amor a Cristo, bajo la dirección del Espíritu Santo.

La sujeción bíblica no significa maltrato, humillación ni dominio abusivo. Significa relacionarnos con amor, responsabilidad, respeto y obediencia a Dios.

2. Fortalecer la unión matrimonial

Dios desea que el esposo y la esposa disfruten de una relación de una sola carne, fundada en el amor, la fidelidad y el compromiso. El esposo debe amar a su esposa con un amor sacrificial, siguiendo el ejemplo de Cristo; y la esposa debe respetar a su esposo y caminar junto a él en unidad.

Ambos deben someter sus decisiones a la voluntad de Dios, apoyarse mutuamente, mantener una comunicación saludable y trabajar unidos por el bienestar espiritual, emocional y material de la familia.

3. Honrar y obedecer a los padres

La Palabra declara:

«Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios».Éxodo 20:12

También encontramos esta promesa:

«Para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra».Efesios 6:3

Honrar a los padres significa respetarlos, valorarlos, cuidarlos y reconocer el esfuerzo que han realizado por sus hijos. Dios promete bienestar y una vida plena a quienes obedecen este mandamiento conforme a su voluntad.

La honra a los padres contribuye a establecer una familia fuerte y saludable, porque la familia es una de las bases fundamentales de la sociedad.

4. Criar a los hijos con amor y disciplina

La Biblia enseña:

«Hijos, obedezcan a sus padres como agrada al Señor. Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor».Efesios 6:1-4

Este pasaje presenta las responsabilidades mutuas entre padres e hijos dentro del hogar cristiano. Los hijos deben obedecer a sus padres con respeto y amor; mientras que los padres deben criarlos con equilibrio, paciencia, sabiduría y temor de Dios.

La disciplina bíblica no consiste en maltratar, humillar o tratar con dureza extrema a los hijos. Dios advierte a los padres que no deben provocarlos a ira, frustrarlos ni herirlos emocionalmente. Por el contrario, deben corregirlos con amor, enseñarles los principios de Dios y proporcionarles un ambiente de estabilidad emocional y espiritual.

Los padres también tienen la responsabilidad de orientar a sus hijos hacia el plan de salvación, enseñarles la Palabra y ayudarlos a desarrollar una relación personal con Jesucristo.

5. Entregarnos a Cristo para ser nuevas criaturas

La unión con Cristo transforma completamente nuestra vida:

«Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora ya no pensamos así de él. Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo».2 Corintios 5:16-17

Cuando recibimos a Jesucristo, comenzamos una vida nueva. Ya no debemos juzgar a las personas únicamente por criterios humanos, externos o materiales, sino contemplarlas desde una perspectiva espiritual, con misericordia, amor y sabiduría.

En Cristo, el pasado queda atrás y Dios inicia en nosotros un proceso de restauración. Esta transformación también debe reflejarse en nuestra forma de hablar, perdonar, corregir y relacionarnos con nuestra familia.

6. Despojarnos de la antigua manera de vivir

La Palabra de Dios declara:

«Por eso, deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido a causa de los deseos engañosos».Efesios 4:22

Para que el gobierno de Dios se manifieste en la familia, cada integrante debe renunciar a las conductas que destruyen el hogar: el orgullo, la mentira, la violencia, la falta de perdón, la desobediencia, los celos, la indiferencia y los deseos engañosos.

Debemos permitir que Dios renueve nuestro espíritu y nuestra mente, y vestirnos del nuevo ser creado conforme a su justicia y santidad. Esta renovación nos enseña a tratarnos con paciencia, compasión y amor.

«Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios».1 Juan 4:7

Conclusión

El gobierno de Dios en la familia comienza cuando reconocemos a Jesucristo como Señor y centro de nuestro hogar. Cuando cada integrante decide obedecer su Palabra, se fortalecen el matrimonio, la crianza de los hijos y la relación entre padres, hijos y demás familiares.

Dios desea hogares donde exista amor, respeto, disciplina, perdón, comunicación y cuidado mutuo. Aunque ninguna familia es perfecta, el Señor puede restaurar aquello que está herido, transformar los corazones y enseñar a cada persona a cumplir su responsabilidad.

Permitamos que Cristo gobierne nuestros pensamientos, palabras, decisiones y relaciones. Si edificamos nuestro hogar sobre su Palabra, podremos enfrentar las dificultades con fe y permanecer unidos bajo su amor y dirección.


Que el Señor gobierne nuestras familias y haga de nuestros hogares lugares de paz, salvación, restauración y amor. Amén.



 
 
 

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